Anoche soñé con vos


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Pretérito - Indicativo

Anoche soñé con vos y apareciste como siempre: bella y radiante, opuesta a tu verdadera naturaleza. Interviniste en la conversación solo para darme la excusa de tomar tu brazo y preguntarte en qué desperdiciaste los años que no compartiste conmigo.

En mi sueño, te rodeaste de un aura dorada que disfrazó tu rostro palidejo y conversaste con la seguridad que nunca tuviste. No fuiste vos, sino la mujer que con tu recuerdo fabriqué, la única.

Anoche soñé con vos y hoy desperté enamorado de tu encanto y de la sonrisa traviesa que me dedicaste. Quise abrazarte con fuerza. Bueno, no a vos, sino a ella, a la que siempre fue perfecta. De vos, al final, no pude enamorarme. Ya lo intenté varias veces y fracasé. Sufrí más que vos, en serio, pero nunca te lo dije. Se lo dije a ella, solo en sueños, solo anoche, en un lugar al que vos nunca llegaste.

Juego de palabras y cuerdas


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Presente - Indicativo

A veces simplemente estoy colgando de una palabra suya, doy vueltas sobre esa palabra y me equilibro sobre ella para no caerme en el vacío. Sus palabras son tan escuetas y tan delgadas, pero aun así no se rompen con el peso de mis pensamientos.


O peor aún, a veces suelto uno de mis brazos y le arrojo una palabra mía. Las horas o los días se hacen eternos mientras observo si usted logra tomar mi cuerda. Es usted un muchacho descortés y egoísta y desconsiderado. Sin embargo, es la alegría más grande del día verlo tomar mi cuerda. Es usted tan atento, tan dulce, tan encantador… 

Me muero por dentro mientras realizo el juego de las palabras y las cuerdas con usted. Me muero mientras usted se olvida del juego por días y días. A veces quiero olvidarme yo también, pero no puedo, acá estoy, mientras espero que usted tome mi cuerda.

Pasión


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 Copretérito - Indicativo

Incluso desde antes de conocerte, ya estaba enamorada de vos. Estabas lleno de pasión y la expulsabas por cada uno de tus poros. Los ojos te crepitaban como el fuego cuando veías algo que amabas y querías poseerlo. Pero vos no destruías como el fuego, vos creabas. Vos eras alguien, o quizás lo eras todo.

Vos siempre fallabas y al mismo tiempo nunca te rendías. Eras persistente. Solo bajabas la cabeza para poder alzarla desde más abajo. Llorabas y reías con la misma intensidad, nunca a medias. Vos eras de emociones fuertes y cálidas, porque amabas la vida.

No podías vivir con lo falso, eso nunca. Sabías mentir tan bien como cualquiera y lo hacías, pero no engañabas a tus sentimientos porque entonces el fuego te quemaba por dentro y no te dejaba tranquilo. Estabas hecho del fuego de la vida y de pasión, porque para vos la pasión era lo más importante de las personas.

Conversación nocturna


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Futuro-Indicativo

—Me iré en el siguiente tren y no podrás hacer nada. Me observarás desde la estación y quizá agitarás tu mano levemente para despedirme, pero eso será todo. Ya no soportaré más esta vida de sentimientos a medias y promesas deshechas; nunca más. 

—¿Nos abandonarás así a todos? No seré solo yo, Agua, sino también todos los demás: tus amigos, nuestros vecinos; todos se sentirán deshechos por esto. 

—Vivirán y viviré, lejos de aquí, lejos de ti, sobre todo. ¿Qué harás ahora? ¿Actuarás? Será muy poco y muy tarde, mitad mía, me iré tan lejos como pueda.

Las tres hijas


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Pretérito-Indicativo

Hubo una vez un rey, padre de tres hijas, cada una más hermosa que la otra. De todas las partes del reino llovieron ofrendas y regalos, acompañados de promesas de boda. Todos los príncipes alumbrados por la luz de la luna juraron por su honor contraer matrimonio con alguna de ellas. Entonces, una tarde, el rey miró a sus tres hijas juntas y las descubrió: cada una más hermosa que la otra. Algo se encendió en su cabeza.

El rey forzó a su esposa y esta dio a luz a una cuarta hija. Pero la niña demostró ser una criatura horrible a la vista, al tacto y al oído. El rey se llenó de repudio al verla y se sintió castigado por los dioses, debido a su avaricia. Decidió compensarlos de algún modo.

El rey encendió una hoguera en medio del pueblo. Allí ofreció a sus dos hijas mayores como sacrificio para los dioses y sirvió a la menor como alimento para las cabras de unos granjeros. El rey nombró a su hija, ahora única, Melania, en honor al oscuro destino padecido por sus hermanas.

Florero roto


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Copretérito-Indicativo

Había una vez un florero que tenía un hueco. Y había una vez un hombre que quería tener flores vivas en ese florero. El florero estaba contento de tener hermosas flores para mostrarle al mundo. Y el hombre estaba contento de mostrar al mundo esas flores hermosas.

Pero el florero tenía un hueco, un hueco pequeño, aunque un hueco al final. Lentamente y gota a gota el agua se derramaba por ese hueco. El hombre no se daba cuenta y sus flores se iban secando y marchitando por falta de agua. Él corría y rellenaba de nuevo el florero, pero el agua volvía a escaparse, las flores se secaban, el mundo se convertía en caos. Ni el florero ni el hombre podían hacer nada para salvar su hermosa creación. El florero lloraba al saberse roto, incapaz de conservar la vida, y se llenaba de agua salada hasta asesinar a las flores.

Había una vez un florero que tenía un hueco. Y había una vez un hombre que quería mantener flores vivas en ese florero. El hombre pensaba qué podía hacer y al final lograba resolverlo todo con una respuesta simple: botaba el florero roto y se compraba un florero nuevo, sin huecos.